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Brasil. Serán dos semanas de aliento, por Fernando Horta

Quien necesite tomar agua o ir en el baño que lo haga ahora. Las próximas dos semanas serán de aterrorizar. Parece que se solidificó la idea de dos grandes polos de disputa en Brasil: democracia o barbarie.

No se trata más de discutir un programa más a la izquierda o más al centro. No se trata de discutir quien ya administró una bodega o quien ya fue “gestor” público. Olvídese de las diferencias entre los que hacen acuerdos con el MDB y los que hacen con el PPS.
El agujero es más bajo

Se trata de una disputa entre dos proyectos civilizadores completamente distintos.

Por un lado, el campo de la democracia, aligerado de los liberales que se suicidaron políticamente con el impeachment de la Dilma. Por más corruptos que puedan ser Aécio, Alckmin y Serra, me cuesta creer que, en la disputa actual, ellos cerraban filas con el fascista. De cualquier forma, el final de vida de Serra, la autodestrucción política de Aécio y el vejame electoral de Alckmin demuestran que ellos gastaron todo el capital político que tenían para apear Dilma, y ​​no construyeron nada en el lugar. Los votos que otrora casi transformaron a Aécio en presidente, hoy están con el fascismo del ex capitán y el vice-general. De alguna forma, este movimiento muestra que el liberalismo político y el liberalismo económico no sólo no andan juntos, como en el frigido de los huevos, son mutuamente excluyentes. Hay que decidir si el eje de los derechos, de las políticas públicas y de la sociedad es el libre mercado o el ciudadano.

En el lado del campo de la democracia se alían toda la izquierda, más un centro aún reticente de entrar en la disputa. Marina, Meirelles y Amoedo están claramente amenazados por el crecimiento del fascista que quita votos de ellos mostrando que nunca, por más sueños que ellos mismos tuvieran, ellos estuvieron lejos de la derecha. El círculo de atracción del fascismo trabaja exactamente en los códigos lingüísticos y relevantes empíricamente para esta gente: corrupción, odio al PT y un supuesto “camino diferente a la política”. Todo el discurso de Marina, por ejemplo, es subsumido en las pautas del fascista. Esto explica la desaparición electoral de la candidata que ya había desaparecido de Mariana. Cuando el momento llegue, los votos de Marina van a dividirse y los propios partidarios de ella se quedarán asustados al descubrir la cantidad de fascistas que se refugia dentro del discurso de la negación de la “vieja política”, que tanto Marina usó. Marina va a entender que no existe “vieja” o “nueva” política. Hay democracia o barbarie.

Incluso luchando para no unirse, la izquierda necesitará. Ciro parece resistir a la idea de que el campo de la izquierda necesitará encontrarse de alguna forma. Tal vez por pena o por el reconocimiento de que su estrategia fue suicida, Ciro todavía se reacia. La antipatía de Ciro y su agresividad hacia el PT es mucho menor que la de su militancia. Entre los laboristas existe una parte significativa que, de pronto, abrazará el positivismo endurecido de la promesa fascista. Para los historiadores, este movimiento no es nuevo al final, el laborismo de Vargas nace de las experiencias históricas del positivismo gaúcho de Julio de Castilhos y Borges de Medeiros. En todo el trabajo existe la percepción enterrada de fondo que sabe lo que es mejor para la “clase trabajadora”. Casi una tutoría de los proletarios por un gobierno iluminado, científico y cuya función es evitar el conflicto social.

De esta visión del laborismo, para una dictadura fascista caminamos mucho menos de lo que se podría pensar. Basta con profundizar en el discurso popular del fascismo y ocultar, por algunos instantes, la truculencia y la violenta oposición a la política. No era la condición electoral y ciertamente el discurso de Ciro, a esta altura, sería en tono más conciliador. Él, inteligente como es, ya percibió el peligro que es el fascismo.

El mercado coquetea con todos. Sus candidatos preferidos no despegar, pero el capital sabe que el matrimonio con el fascismo incluso siendo posible, sería mejor si fuese evitado. Alckmin, Meirelles y Amoedo entendieron que la propaganda para engañar a la población tiene un tiempo de validez. Y que no se puede querer votos de un pueblo que pasó a pagar 90 reales la bombona de gas, y tomar trabajo intermitente, sin derechos, porque le contaron que “iba a ser mejor”. Hay un límite para el efecto de todo el ataque de los medios de comunicación. Este límite fue el golpe de Temer. Esta semana el mercado coqueteó con Ciro, portada de la Época, y con Haddad, nominado por figuras despreciables del establishment financiero como “tremenda oportunidad”. El capital sabe que sólo los comunistas y los fascistas no responden al acento del dinero. En medio de estos dos extremos todos los demás están disponibles. Unos más, otros menos, es verdad.

Los medios monopolistas brasileños se deshacen en su propia ignorancia. Mientras Bonner y su colega de bancada visten herraduras contra candidatos de izquierda, se permiten cortesías y silencios con aquellos que sus jefes tienen preferencia. Este movimiento, sin embargo, juega contra el periodismo y deja claro para el pueblo -que no es tonto – cuáles son los candidatos que realmente molestan a los históricos dueños del poder en Brasil. Por otra parte, es preciso hacer un minuto de silencio por el periodismo brasileño. Casi muerto, ocultando las groserías bajo la bandera de la “neutralidad”, tenemos una prensa que no sirve de contrapunto al poder de Estado, ni al poder económico, sino de sustento a estos dos. Y esta asociación siempre tiene el condón de transformarse en antidemocrática.

La verdad es que tras la muerte de Roberto Marinho, sus hijos no tuvieron ni competencia, ni humildad para mantener el imperio de su padre. El camino de los Civita es una profecía asustadora para la Globo. Un resultado bien al tamaño de aquellos que no supieron diferenciar sus opciones políticas del papel que su empresa de comunicación tendría que tener. A un movimiento mundial inexorable que conduce a una transformación de la comunicación. La Globo debe perecer. Pero, bien administrada, ella resistiría más. Debería haber percibido que su supervivencia estaba ligada al mantenimiento de la democracia en Brasil, a su papel de defensa de las libertades individuales y, en última instancia, de la Constitución. Cuando abrazó a Moro y su mezquina lucha personal, Globo se suicidó. Hoy, los tres candidatos mejor colocados en las encuestas trabajan con pautas abruptas para el sector de las comunicaciones. Cualquiera que gane y el imperio monopolista de la comunicación brasileña va a temblar. Y aún tiene Google, Facebook, Netflix, etc. …

Merecido fin por el trabajo de cerdo que han estado haciendo en el país desde 1964.

Las iglesias cristianas, y entre ellas la Católica, aún no han despertado para el inmenso problema que están metidas. Los datos muestran que en 15 años el neopentecostalismo de la prosperidad la fe de los obispos y pastores ricos, fieles pobres y el dios que apoya tortura y asesinatos será mayoría en Brasil. Hay mucho la Iglesia de Francisco ya debería haber literalmente levantado armas contra los falsos predicadores de los milagros mentirosos. Permitieron el crecimiento de un grupo de bandidos que usan la Biblia para asaltar a la población. La política interior del Vaticano siempre ha sido un problema para la Iglesia, y quien conoce la historia del nazismo y del fascismo sabe que tuvo un gran apoyo entre los “predicadores de Cristo”. Hoy, sin embargo, es diferente. El discurso agresivo de estas nuevas sectas cristianas no es sólo contra otras religiones, sino contra la misma católica. Por años han permitido el crecimiento de estos pequeños criminales de la fe y hoy, algunos de ellos ya no tienen miedo alguno de mostrarse agresivos como bandoleros religiosos. Ricos, inescrupulosos, vanidosos e ignorantes, la nueva casta de “pastores y obispos” se distancian de todo lo que Cristo predicó. Pero como él no está aquí para confrontarlos y la Iglesia de Pedro tampoco lo hace, los rebaños se van perdiendo.

Todos los grupos sociales serán marcados por las elecciones de 2018. En dos semanas Brasil no será el mismo. El pueblo habrá de elegir entre un proyecto excluyente, violento, moralista, autoritario y sin ninguna competencia social y política para administrar un país del tamaño del nuestro, o un proyecto inclusivo, institucional, democrático y que necesitará aglutinar en su seno todas las fuerzas dispuestas a reconstruir el país.

Es elegir entre educación como meta de desarrollo o como barrera social contra los no escogidos.

Es elegir entre una policía que defienda al ciudadano y las libertades, o que defiende sólo el Estado y la propiedad de los ricos.

Es elegir entre un Estado que oiga, considere y se haga sentir en acciones, o uno que mande, prenda y sea el camino de toda la truculencia.

Es elegir entre un país que camina de la mano con la diversidad y la diferencia, o uno que esconda, mate y entierre todos los que se dicen “no normales”.

Es elegir entre un país cuyas fuerzas armadas nos defiendan de amenazas externas, o uno en que las fuerzas armadas sean el brazo interno de las amenazas extranjeras.

Al final, es elegir entre un país que se reconozca Brasil más allá de las banderas, colores, himnos y continencias o aquel arremete de país en que se gasta 5.000 millones con pensiones para hijas de militares y se corta en la Salud dejando volver a la poliomielitis, por ejemplo.

Democracia o barbarie. Esta es la elección que tendremos en dos semanas. Y no será permitido decir después de que votó en blanco, anuló o no compareció. La discusión no es más entre izquierda o derecha.

Es democracia o barbarie.

  • Brasil de fato
Última modificación: 28 de septiembre de 2018 a las 17:42
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